En una empresa familiar, el problema no es que existan diferencias, sino que no haya reglas compartidas para procesarlas antes de que escalen. Este artículo analiza cómo la participación activa de los propietarios, la separación entre familia, propiedad y gestión, los protocolos de comunicación y una ruta clara de resolución, desde el diálogo directo hasta la mediación y el arbitraje, pueden evitar que los conflictos deterioren las relaciones y paralicen la empresa.
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