La economía peruana inició 2026 con una base todavía firme. En enero, el PBI creció 3.54%, impulsado principalmente por el fuerte avance del sector construcción y la recuperación agropecuaria, aunque con señales de heterogeneidad en sectores como pesca y manufactura.
En paralelo, la inflación se mantiene dentro del rango meta y el BCRP sostuvo su tasa de referencia en 4.25% por cuarto mes consecutivo. Esta combinación refuerza la idea de una macro aún ordenada, con expectativas relativamente ancladas, aunque bajo monitoreo por posibles presiones asociadas al costo de la energía.
A esto se suma un frente externo que todavía favorece parcialmente al país. La balanza comercial alcanzó niveles récord en enero, apoyada por términos de intercambio elevados, lo que sigue dando soporte a la posición externa del Perú. Sin embargo, la confianza empresarial comenzó a moderarse hacia niveles más neutrales, reflejando una mayor cautela del sector privado frente al ruido global.
El principal cambio del mes vino por el lado financiero. La corrección del cobre y la plata redujo parte del impulso que venían dando los metales a la economía local, afectando tanto la expectativa sobre flujo de divisas como la percepción sobre ingresos fiscales vinculados al sector minero. En esa misma línea, la renta variable peruana y emergente rompió su tendencia alcista en marzo, golpeada por un dólar más fuerte, menor apetito por riesgo y tensiones geopolíticas.
En el mercado cambiario, el sol se depreció durante el mes ante el fortalecimiento global del dólar, el repunte del petróleo y un entorno político-electoral más incierto. Esa combinación eleva la sensibilidad local a nuevos choques externos y reabre el debate sobre presiones inflacionarias de corto plazo.
Hacia adelante, el escenario base sigue siendo de crecimiento moderado con fundamentos macro relativamente sólidos, pero con una mayor exposición a riesgos cruzados. La fragmentación política, el nuevo peso institucional del Senado, los posibles choques energéticos y la incertidumbre electoral podrían traducirse en más volatilidad para el tipo de cambio, la inflación y las decisiones de política monetaria en los próximos meses. Aunque un Niño Costero débil ayuda a moderar parte del riesgo climático, el entorno se ha vuelto claramente más frágil.