La renta variable americana marcó nuevos récords en el mes, liderada por un avance del 6.77% en el Nasdaq y del 4.14% en el S&P 500 tras una excepcional temporada de resultados corporativos del 1T26. El repunte reflejó una recomposición del apetito por riesgo a nivel global, impulsado por firmas tecnológicas como Micron y Meta que batieron las expectativas y consolidaron al sector como el principal motor de la recuperación.
A nivel macro, la economía de EE.UU. mostró señales mixtas. Mientras el PBI del primer trimestre decepcionó con una nueva estimación en 1.6% por el impacto geopolítico, el indicador GDPNow apunta a un fuerte rebote del 3.8% para el segundo trimestre. Sin embargo, la confianza del consumidor de Michigan se desplomó a mínimos de 44.8 puntos y el mercado laboral empezó a enfriarse, con una creación de empleo que promedia apenas 48K en el trimestre, revelando que el impulso se está agotando.
Este contexto mantiene a la Fed en una posición incómoda. Aunque el consumo interno da señales de fatiga, el shock energético empujó la inflación general a un 3.78% —su nivel más alto desde 2023—, obligando a la entidad a mantener una pausa prolongada en las tasas. El dilema para Powell radica en que la inflación PCE subyacente sigue obstinadamente alta en 3.30%, lo que reduce el margen de maniobra para iniciar los recortes sin arriesgar la estabilidad de precios.
En los mercados cambiarios y de materias primas, el dólar recuperó terreno frente a sus pares globales, impulsando al índice DXY por encima de las 99.18 unidades. Esta fortaleza del billete verde, sumada a una parcial asimilación de los riesgos geopolíticos, llevó a los inversores a rotar fuera de los activos de refugio, provocando que el oro corrigiera un 2.33% hasta los $4,507 tras haber tocado máximos históricos.
De cara al cierre del año, las perspectivas del mercado internacional dependen de la resiliencia del crecimiento corporativo bajo el escenario base de un soft landing. No obstante, la balanza de riesgos estructurales para la segunda mitad de 2026 se mantiene sesgada a la baja, condicionada por la volatilidad del petróleo ante el conflicto USA-Irán, el estrés político de las elecciones midterms en EE.UU. y la presión persistente en la curva de bonos, donde el tramo largo ya roza el 5.0%.