El S&P 500 profundizó su caída y la tecnología continuó perdiendo tracción, afectada por un escenario de tasas elevadas por más tiempo. La volatilidad repuntó con fuerza, reflejando un mercado que empieza a cuestionar el optimismo que dominó a inicios de año.
A nivel macro, la economía estadounidense comienza a mostrar señales más claras de enfriamiento. Las proyecciones de crecimiento para el 1T26 se ajustaron hacia el 2%, mientras el mercado laboral pierde dinamismo y la confianza del consumidor retrocede. En paralelo, el repunte del petróleo vuelve a presionar las expectativas de inflación.
Este nuevo frente inflacionario complica a la Fed. Si bien mantiene la pausa en tasas, el shock energético reduce su margen para recortar en el corto plazo, generando un repricing alcista en toda la curva de rendimientos.
En este contexto, los activos reaccionaron de forma clara: el dólar se fortaleció como refugio, el oro corrigió tras toma de ganancias y la renta fija enfrentó presión por el aumento de tasas y spreads de crédito.
De cara a los próximos meses, el escenario base de soft landing se mantiene, pero con mayor fragilidad. El principal riesgo ya no es solo la desaceleración, sino la combinación de inflación persistente y shocks geopolíticos, que podría retrasar los recortes de tasas y seguir tensionando los mercados.