En lo económico, el PBI creció 3.68% en febrero impulsado por la construcción, pero la minería aún no despega. Lo más preocupante es la inflación, que escaló a 4.01% con un transporte 15% más caro, obligando al BCRP a mantener su tasa en 4.25% mientras las expectativas vuelven a subir.
En los mercados, el Perú se quedó rezagado frente al rally de otros países emergentes. Mientras afuera hubo optimismo, la bolsa local cayó 3.75% y la confianza empresarial volvió a zona neutral, reflejando la cautela de los inversionistas ante la incertidumbre global y el precio del petróleo sobre los $107.
El impacto más claro se sintió en el dólar, que saltó a S/3.53 —su nivel más alto en siete meses— por el nerviosismo electoral. Esta depreciación, sumada a la crisis energética, eleva la presión sobre el costo de vida y complica el panorama de corto plazo.
Hacia adelante, el entorno es más frágil debido a "riesgos cruzados": el balotaje de junio, el relevo en el BCRP y la posible llegada de un Niño Global. Aunque los fundamentos macro resisten, la polarización y la energía cara imponen un escenario de mayor volatilidad para el cierre del semestre.