El tipo de cambio completó un ciclo de alta volatilidad durante el último periodo: alcanzó niveles cercanos a S/3.52 a fines de abril y posteriormente corrigió hacia la zona de S/3.36–3.38, donde se ha estabilizado recientemente. Este comportamiento refleja un mercado en transición, donde las fuerzas externas comienzan a moderarse, pero la incertidumbre política local continúa siendo el principal determinante de corto plazo.
A nivel internacional, la distensión geopolítica entre EE.UU. e Irán redujo significativamente las presiones inflacionarias y provocó una fuerte caída en el precio del petróleo. Sin embargo, la Reserva Federal mantiene una postura restrictiva y un sesgo alcista para 2026, fortaleciendo nuevamente al dólar global y limitando el potencial de apreciación del sol peruano.
En el frente local, el proceso electoral continúa siendo el principal catalizador. El mercado ya ha incorporado parcialmente un escenario favorable a la inversión privada, lo que ha contribuido a reducir la prima de riesgo y estabilizar el tipo de cambio. No obstante, la proclamación oficial de los resultados seguirá siendo el evento más relevante para definir la dirección de los próximos meses.
Bajo este contexto, anticipamos un sesgo moderadamente bajista para el dólar en el corto plazo. Un escenario de mayor certidumbre política podría llevar al USD/PEN hacia la zona de S/3.30–3.35, mientras que una reversión del escenario electoral o un deterioro del entorno internacional podría devolverlo hacia niveles de S/3.45–3.50.
Hacia adelante, la trayectoria del tipo de cambio dependerá principalmente de tres factores: la consolidación del escenario político local, la evolución del entorno geopolítico global y las próximas decisiones de la Reserva Federal. Aunque los sólidos fundamentos macroeconómicos del Perú continúan brindando soporte al sol, la volatilidad permanecerá elevada mientras estos tres frentes no encuentren una mayor estabilidad.